The Other Son — 4th Sunday of Lent—Year C

In today’s Gospel, Jesus tells one of his most famous parables. Usually, people focus on the younger son who ran away and on the loving father who forgives him when he returns. Jesus uses this father and son to teach us an important lesson. Even though we are like that selfish, ungrateful, and sinful younger brother sometimes, our Father never stops longing to embrace us. No one should ever say, “God could never forgive me after all the bad things I’ve done.” God’s merciful forgiveness always awaits us if we are willing to return to him.

This is an important lesson, but we should not overlook the brother who felt overlooked. We can learn something important through the older brother’s experience, too. While the younger son ran away, the older son loyally remained with their father. While the younger brother was having sinful fun with prostitutes at night, the older brother was working long days in the fields together with the slaves. While the younger son became unhappy in the distant country, the older son was unhappy at home.

We see the discontent of the older son when he says to his father, “Look, all these years I served you and not once did I disobey your orders; yet you never gave me even a young goat to feast on with my friends!” The older son doubts that his father really loves him. The older brother is close to the father physically but far away emotionally. Does his father love him? Of course! The father would have been happy to throw him a party, but his son never asks. The older son squnders his opportunity. He never receives because he never asks and so becomes bitter toward his father.

We can be like this older brother sometimes. We do our dutiful work for God and never ask for anything because we think it is better to never ask for anything. But, this can lead to bitter feelings toward God. God our Father wants to bless his children with good things so that our joy, faith, and love will increase. We should not be afraid to ask him. As Jesus says, “Ask, and you will receive.” Learn a lesson from the older brother who never asked for anything. Ask for good things from God because he is your loving and merciful Father.

En el evangelio de hoy, Jesús le dice uno de sus parábolas más famosas. Por lo general, la gente se centra en el hijo menor que se fue y en el padre amoroso que lo perdona. Jesús usa este padre e hijo para enseñarnos una lección importante. Somos como el hermano menor a veces (egoístas, ingratos y pecadores) pero nuestro Padre siempre anhela para abrazarnos. Nadie debe decir: “Dios nunca podría perdonarme después de todas las cosas malas que he hecho.” El perdón misericordioso de Dios siempre nos espera, si estamos dispuestos a volver con él.

Esta es una lección importante, pero no debemos pasar por alto el hermano que sentía por alto. También podemos aprender algo importante a través de la experiencia del hermano mayor. Mientras que el hijo menor se fue lejos, el hijo mayor lealmente se mantuvo con su padre. Mientras que el hermano menor pecaminosamente se divirtieron con prostitutas por la noche, el hermano mayor estaba trabajando largos días en los campos junto con los sirvientes. Mientras que el hijo menor se convirtió en descontento en el país lejano, el hijo mayor estaba infeliz en la casa de su padre.

Vemos el descontento del hijo mayor cuando dice a su padre: “¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos!” El hijo mayor duda de su padre realmente lo ama. El hijo mayor está cerca del padre físicamente, sino emocionalmente lejos.  ¿El padre lo ama? ¡Por supuesto!  El padre habría estado muy contento de darle una fiesta, pero su hijo nunca pregunta.  El hijo mayor no recibe nunca, porque el hijo nunca se pregunta, y así se convierte en resentimiento hacia su padre.

Podemos ser como el hermano mayor a veces. Hacemos nuestro trabajo obediente a Dios y nunca pedir nada porque pensamos que es mejor no pedir nada. Sin embargo, esto puede conducir a sentimientos de amargura hacia Dios. Dios, nuestro Padre quiere bendecir a sus hijos con cosas buenas para que nuestra alegría, nuestra fe y nuestro toda amor se incrementará.  No debemos tener miedo de preguntarle.  Como dice Jesús: “Pedid, y se os dará”.  Aprende una lección del hermano mayor que nunca pidió nada.  Pregunte por las cosas buenas de Dios porque él es tu Padre amoroso y misericordioso.

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