Becoming Like God — Trinity Sunday—Year C

We become like what we worship. Whatever we value most, whatever we serve as our highest good, is the object of our worship. Whatever it is, the object of our worship forms the kind of people we become. When we worship money, we become greedy. When we worship sex, we become lustful. When we worship power, we become corrupt. When we worship sports, we become fanatical. When we worship appearances, we become vain. When we worship self, we become selfish. But when we worship God, we become godlike. We are called to worship the Holy Trinity, and become like the Father, Son, and Holy Spirit.

The three persons of the Trinity share the same divine attributes. Each one is all-knowing, all-good, all-powerful, but each is a distinct person who knows, loves, and acts. We came to know that the one true God of the Old Testament was not a solitary oneness through the words and example of Jesus Christ. For example, Jesus accepts others’ worship, something only God can rightly do. While Jesus declares that he and God the Father are one, Jesus also prays to his heavenly Father as another person. The Holy Trinity shares the divine nature and consists of three persons.

The Trinity exists as a loving communion of persons. Each one loves and gives the gift of self to the others. This love overflows the Trinity, leading to the creation of everything in the heavens and the earth. We were not made because God had need of us, but because love likes to share and delights in others’ joy. We are called to worship the Trinity, but we are also called to become like the Trinity. To be at home in heaven, we must enter into the loving communion with persons; human, angelic, and divine. Holiness is not a solitary project. No one becomes a saint without others.  Even a secluded hermit must be connected to the wider communion of believers, through loving concern, prayer, and the sacraments. Without this connection to others, the hermit will not become a saint.

How does God intend to make you a saint? Look around at the people in your everyday life. It is through your loving communion with these that the Holy Trinity wants to make you similar to himself. I challenge you to consider how to know, love and serve them more and thereby become a more perfect image of God.

Nos convertimos en lo que adoramos. Lo que más valoramos, lo servimos como nuestro supremo bien, es el objeto de nuestra adoración. Sea lo que sea, el objeto de nuestra adoración constituye el tipo de personas nos convertimos. Cuando adoramos dinero, nos convertimos codiciosos. Cuando adoramos sexo, nos convertimos lujurioso. Cuando adoramos poder, nos convertimos corruptos. Cuando adoramos a los deportes, nos convertimos en fanáticos. Cuando adoramos a las apariencias, nos convertimos vano. Cuando adoramos a uno mismo, nos convertimos egoístas. Pero cuando adoramos a Dios, llegamos a ser divino. Estamos llamados a adorar a la Santísima Trinidad, y llegamos a ser como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Las tres personas de la Trinidad comparten los mismos atributos divinos. Cada uno lo sabe todo, es todo bueno, y es todopoderoso, pero cada uno es una persona distinta que conoce, ama y actúa. Llegamos a saber que el único y verdadero Dios del Antiguo Testamento no era una unidad solitaria a través de las palabras y el ejemplo de Jesucristo. Por ejemplo, Jesús acepta la adoración de los demás, algo que sólo Dios puede hacer justamente. Mientras que Jesús declara que él y Dios el Padre son uno, Jesús tambien ora a su Padre celestial como otra persona. La Santísima Trinidad comparte la naturaleza divina y consiste en tres personas.

La Trinidad existe como una amorosa comunión de las personas. Cada uno ama y se da el don de sí mismo a nosotros. Este amor se desborda la Trinidad y conduce a la creación de todo en los cielos y la tierra. No fuimos hechos por Dios porque tenía necesidad de nosotros, sino porque el amor le gusta compartir y disfruta de la alegría de los demás. Estamos llamados a adorar a la Trinidad, pero también estamos llamados a ser como la Trinidad. Para estar en casa en el cielo, necessitamos entrar aqui en la amorosa comunión con las personas, humano, angélica y divina. Su santidad no es un proyecto solitario. Nadie se convierte en un santo sin otras personas. Incluso un ermitaño recluido debe estar conectado a la comunión de los creyentes en general, a través del amor, la oración y los sacramentos. Sin esta conexión con los demás, el ermitaño no se convierta en un santo.

¿Cómo Dios te haga un santo? Mire a las personas en su vida cotidiana. Es a través de la comunión amorosa con estos que la Santísima Trinidad quiere hacerte similar a sí mismo. Te reto a que considere cómo conocer, amar y servir a ellos más y por lo tanto convertirse en una imagen más perfecta de Dios.

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